Sobre la gula según Adolfe Tanquerey

Sobre la gula según Adolfe Tanquerey

Sobre la gula según Adolfe Tanquerey:

Del compendio de Teología ascética y mística de Adolfe Tanquerey. Editado y traducido del francés al español en 1930 por Daniel García Hugues, canónigo de la S.I. Catedral de Madrid.

Art. II. De los pecados que se refieren al apetito sensible.

§ I. De la gula

La gula es el abuso del placer lícito que puso Dios en el comer y en el beber, tan necesarios para la conservación del individuo.

Expondremos : 1º Su naturaleza; 2° su malicia; 3º sus remedios.

864. i° Naturaleza. La gula es el amor de­sordenado de los placeres de la mesa, del comer y del beber. El desorden consiste en buscar el pla­cer del sustento por él mismo, considerándole, explí­cita o implícitamente, como un fin, a semejanza de aquellos que hacen de su vientre un dios : “ -quorum deus venter est» I; o en procurarle con exceso, sin cuidarse de las reglas que dicta la sobriedad, y a veces en contra de la propia salud.

 

865. Los teólogos señalan cuatro maneras de faltar a esas reglas.

Comer antes de sentir necesidad, fuera de las horas señaladas para las comidas, y sin razón alguna, solo para satisfacer la gula.

Procurarse manjares exquisitos y cuida­ dosamente condimentados para .mayor deleite : éste es el pecado de los gastrónomos y de los golosos.

Comer más de lo que pide el apetito o la necesidad, hartarse de comida y de bebida hasta más nó poder con peligro de la salud; échase de ver que solo el placer desorde­ nado puede ser la razón de ese exceso que en el mundo se llama glotonería.

Comer con avidez, con ansia, como hacen algu­ nos animales; esto se considera en el mundo como una grosería.

866. 2º. La malicia de la gula nace de que obliga al alma a servir al cuerpo, materializa al hombre, debilita su vida intelectual y moral, le pre­ para insensiblemente para los deleites de la volup­ tuosidad, que, en el fondo, son del mismo género. Para determinar su culpabilidad es necesario hacer una distinción.

A) La gula es pecado grave : a) cuando llega a tales excesos que nos deja incapaces, por un tiempo notable, de cumplir con las obligaciones de nuestro estado o de obedecer a las leyes divinas o ecle­siásticas; por ejemplo, cuando daña a la salud; cuando es origen de gastos sin tino que ponen en peligro el patrimonio familiar; cuando se falta a las leyes de la abstinencia o del ayuno, b) También cuando es causa de faltas graves.

 

Pongamos algunos ejemplos :“ Los excesos de la gula, dice el P. Janvier predisponen a la incontinencia, que es hija de la glotonería. Incontinencia de los ojos y de los oídos, que piden pasto malsano a los espectáculos y a los cantos licen­ciosos ; incontinencia de la imaginación, que se turba; incon­tinencia de la memoria, que rebusca en el pasado recuerdos a propósito para excitar la concupiscencia; incontinencia del pensamiento, que rompe las riendas y corre a objetos ilícitos; incontinencia del corazón, que busca afectos carnales; incon­tinencia de la voluntad, que abdica de su mando para ponerse al servicio de los sentidos… La intemperancia en el comer y beber conduce a la intemperancia de la lengua. ¿Qué de pecados no comete la lengua en las comidas suntuosas y pro­longadas? ¡Cuántas faltas de seriedad!… ¡de discreción Descúbranse los secretos que se habían prometido guardar: secretos profesionales que son sagrados, y ponemos en len­ guas de gentes la buena fama de un amigo, de una esposa, de una madre, la honra de una familia, si no es el porvenir de una nación. Pecados contra \z.justicia y la caridad: La maledicencia, la calumnia, la murmuración, en su forma más inexcusable, se pronuncian con una libertad desconcertante… Pecados contra la prudencia : Prometemos hacer cosas que luego no podremos cumplir sin faltar a todas las leyes de la moral… ”

867. B) La gula no es más que pecado venial cuando nos dejamos llevar del deleite de comer y beber inmoderadamente, pero sin caer en excesos graves, y sin exponernos a quebrantar precepto alguno de importancia. Así, pues, será pecado venial comer o beber más que de costumbre por placer, para hacer honor a una buena comida, para dar gusto a un amigo, sin cometer exceso notable.

868. C) En el orden de la perfección es la gula un serio obstáculo : i) da pábulo a la inmortificación, que quita fuerzas a la voluntad, y hace que crezca el amor al deleite sensual, que prepara al alma para peligrosas concesiones ; 2) es origen de muchos pecados, porque causa una alegría excesiva que lleva a la disipación, a la locuacidad, a bromas de mal gusto, a la falta de recato y de modestia, y abre las puertas del alma a los asaltos del demonio. Im­ porta, pues, mucho reprimirla.

 

869. 3º Remedios. Nos ha de servir de prin­cipio, en la lucha contra la gula, la consideración de que el placer no es un fin, sino un medio, y que, por consiguiente, ha de estar subordinado a la recta razón iluminada por la fe, n. 193. Mas la fe nos enseña que se han de santificar los deleites de la mesa por medio de la pureza de intención, la sobrie­dad y la mortificación.

1) Lo primero de todo es que hemos de comer con intención recta y sobrenatural, no como los ani­males, que no buscan sino la satisfacción de su apetito; ni como el filósofo, que no pasa de una intención honesta; sino a lo cristiano, para poder trabajar más para la gloria de Dios; con agradeci­miento de la bondad de Dios, que se digna darnos el pan de cada día; con humildad, diciéndonos, como S. Vicente de Paúl, que no merecemos el pan que comemos; con amor, empleando en el servicio de Dios y de las almas las fuerzas que recobramos. Así cumpliremos la recomendación que hace S. Pablo a los primeros cristianos, y que se repite en muchas comunidades al principio de las comidas : “ Y si co­miereis, ya bebiereis, hacedlo todo para gloria de Dios.

870. 2) Esa pureza de intención nos ayudará para comer con sobriedad, y no pasar de lajusta medida : no queriendo comer sino para cobrar las fuerzas de que hemos menester para el cumplimiento de las obligaciones de nuestro estado, huiremos de los excesos que pudieran poner en peligro nuestra salud.

 

LUCHA CONTRA LOS PECADOS CAPITALES. 565

Dicen los higienistas que “ la sobriedad (o frugali­dad) es la condición esencial del vigor físico y mo­ral. Puesto que comemos para vivir, debemos comer sanamente para vivir sanamente. No se ha, pues, de comer ni de beber con exceso… Debemos levan­tarnos de la mesa con cierta sensación de levedad y de vigor, quedarnos con un poco de hambre, y evitar la pesadez que produce la ingestión de carnes fuertes”.

No estará de más advertir que la medida no puede ser igual para todos. Hay temperamentos que, para preservarse de la tuberculosis, han menester de una alimentación más abundante que los otros; y hay otros, por el contrario, que, para combatir el artritismo, tienen necesidad de moderar su apetito. Téngase cada cual a los consejos de un sabio doctor.

871. 3) Con la sobriedad ha de juntar el cristia­no la práctica de algunas mortificaciones. A) Como
es muy fácil irse por la cuesta abajo, y darle dema­ siado al gusto, debemos privarnos de algunos man­jares de nuestro agrado, que quizá serán de pro­vecho, pero que no son necesarios. Con esto adqui­rimos cierto dominio sobre el apetito sensible pri­vándole de algunos gustos lícitos; redimimos al espíritu de la servidumbre de los sentidos, le damos mayor libertad para emplearse en la oración y en el estudio, y evitamos las tentaciones peligrosas.

B) Es excelente ejercicio acostumbrarse a no comer nunca sin hacer alguna mortificación en la misma comida. El privarse de algún gustillo tiene la ventaja de dar fuerzas a la voluntad sin dañar a la salud, y, por esta razón, esas mortificaciones pe­queñas son preferibles en general a las grandes mor­ tificaciones que no se pueden hacer sino raras veces. Las almas buenas agregan un motivo de caridad: dejan una pequeña porción para los pobres, y, por ende, para Jesús que vive en ellos; y, como advierte S- Vicente Ferrer, la porción no ha de ser de los desperdicios, sino de lo mejor, por poca que sea. También es buen ejercicio acostumbrarse a comer un poco de lo que nadie quiere.

 

872. C) Entre las mortificaciones más conve­nientes hemos de poner las que se refieren a las bebidas alcohólicas.

Recordemos sobre esta materia los siguientes principios : —

a) De suyo el uso moderado del alcohol o de los licores espirituosos no es un mal; no se puede, pues, reprochar por eso a los seglares ni a los sacerdotes que lo tomen con moderación.

b) Mas abstenerse por espíritu de mortificación, o para dar buen ejemplo, es ciertamente muy digno de alabanza. Por eso se privan de toda clase de licores los sacerdotes y los hombres de acción para apartar más fácilmente de su uso a los demás.

c) Hay casos en los que esta abstinencia es mo­ralmente necesaria para evitar excesos : i) cuando por atavismo se ha heredado cierta propensión a beber licores; entonces el solo uso de ellos puede llevar .irresistiblemente al abuso, como basta una sola chispa para provocar un incendio en un depó­sito de materias inflamables; 2) si se tuvo la des gracia de contraer hábitos inveterados de alcoho­lismo; entonces el único remedio eficaz es la total abstención.

 

 

 

Necesitamos de tu ayuda para seguir con Tekton. ¡Ayúdanos! Gracias y que Dios te bendiga.

 

 

Dejar un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.