San Silouan: Somos siervos inútiles

San Silouan: Somos siervos inútiles

San Silouan: Somos siervos inútiles

Hay muchos grados de humildad. El que es obediente y se reprocha a sí mismo en todas las cosas, eso es humildad. Otro se arrepiente de sus pecados y se considera un miserable delante de Dios. Esto, también es humildad. Pero la humildad del que ha conocido al Señor por el Espíritu, es otra: su conocimiento y sus gustos son diferentes.

Cuando en el Espíritu Santo el alma ve cuán dulce y suave es el Señor, se humilla a sí misma hasta el máximo. Esta humildad es del todo particular y nadie puede describirla. Si los hombres pudieran saber, por el Santo Espíritu, qué Señor tenemos, cambiarían enteramente: los ricos despreciarían sus riquezas; los sabios, su ciencia; los gobernantes su poder y prestigio. Todos vivirían en una profunda paz y amor, y sobre la tierra reinaría un gozo grande.

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