San Jerónimo: La fe del centurión

San Jerónimo: La fe del centurión

San Jerónimo: La fe del centurión

San Jerónimo nos dice:

Viendo el Señor la fe, la humildad y la prudencia del centurión, le ofreció inmediatamente que iría y sanaría al siervo. Por lo tanto, sigue: «Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»

Así como admiramos la fe en el centurión, porque creyó que el paralítico pudo ser curado por el Salvador, así se manifiesta también su humildad, en cuanto se considera indigno de que el Señor entre en su casa, y por ello sigue: «Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.»

«Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.» La prudencia del centurión aparece en que ve a través del Cuerpo del Salvador a la divinidad que en El se encontraba oculta, y por eso añade: «Pero mándalo con tu palabra y será sano mi siervo».

Habla de los contemporáneos, no de los pasados patriarcas y profetas.

Acaso en el centurión la fe de los gentiles se prefiere a la de los israelitas, y por eso añade: «Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos.»

«Y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos.» Porque el Dios de Abraham, Creador del cielo, es Padre de Jesucristo. En el Reino de los Cielos se encuentra Abraham con quien descansarán las naciones que creyeron en Jesucristo, Hijo del Creador.

San Jerónimo ruega por nosotros que somos pecadores.

 

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