San Francisco de Sales: El Yo al que hay que renunciar

San Francisco de Sales: El Yo al que hay que renunciar

San Francisco de Sales: El Yo al que hay que renunciar

El amor de Dios es esa perla preciosa que los negociantes del cielo encuentran y que para comprarla, tienen que vender todo cuanto poseen. Vemos que los antiguos cristianos no se contentaban con observar todos los mandamientos, sino que además ponían en práctica los consejos dejando todo, sin reserva.

A este renunciamiento perfecto estáis llamadas, mis queridas hijas. Es muy alta pretensión la de conquistar el amor de Dios puro, que es la perla preciosa que buscáis y que habéis encontrado, pero que no se puede comprar sino al precio de todo lo demás.

Si queréis poseerla, está en vosotras el conseguirlo pero a costa del perfecto abandono de todo, y lo que es aún más tendréis que dejaros a vosotras mismas, pues el amor de Dios no puede sufrir compañía alguna.

No sólo pide no tener rival, sino que quiere estar sólo en nuestro corazón, para reinar en él tranquilamente porque si cesa de reinar es que ya no está en él.

Dentro de nosotros hay dos “yo” a los cuales hay que renunciar totalmente y sin reserva alguna, para ser verdaderas religiosas.

El “yo” externo, que San Pablo llama “hombre viejo”; y tenemos otro: nuestro propio juicio y nuestra propia voluntad; y este “yo”es el que constituye el nudo del problema.

Claramente hay que renunciarse y mortificar el cuerpo, pero esto no basta, sobre todo hay que mortificar el espíritu.

Acordaos que los que tratan de transformar el metal en oro, tienen que trabajar mucho y poner todo su cuidado. De igual modo las almas que pretenden transformarse todas en Dios, ¿qué no tendrán que hacer hasta estar totalmente purificadas sin que les quede el menor residuo?.

 

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