San Beda el Venerable: Muerte de San Juan Bautista

San Beda el Venerable: Muerte de San Juan Bautista

San Beda el Venerable: Muerte de Juan Bautista

Ayer teniamos en el evangelio la muerte de San Juan el Bautista. Este personaje historico que marca en los diferentes evangelio un antes y un después es una figura tan importante para la Iglesia católica que le recordamos tanto por su nacimiento como por su muerte. Hoy queremos traerte este sermón de San beda sobre la muerte de San Juan Bautista porque vale la pena conocer mejor a este gran santo. Recuerda compartir este artículo para que muchos más puedan venir a leer los tesoros de los santos.

 

No cabe ninguna duda de que San Juan Bautista sufrió prisión por nuestro Redentor, a quien precedía con su testimonio, y que por él dio su vida. Porque aunque su perseguidor no le exigió negar a Cristo, sí le exigió que callase la verdad, y es por esto que murió por Cristo. En efecto, Cristo mismo dijo: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). Puesto que derramó su sangre por la verdad, ciertamente la derramó por Cristo. Con su nacimiento, Juan testimonió que Cristo iba a nacer; con su predicación testimonió que Cristo iba a predicar, y con su bautismo, que iba a bautizar. Al sufrir su pasión, significaba que Cristo también debía sufrirla…

Este hombre tan grande llegó pues al término de su vida derramando su sangre después de una larga y penosa cautividad. Habiendo anunciado la buena nueva de la libertad de una paz superior, fue arrojado en prisión por unos impíos. Fue encerrado en la lobreguez de un calabozo el que había venido a dar testimonio de la luz… En su propia sangre es bautizado el que tuvo el honroso encargo de bautizar al Redentor del mundo, de escuchar la voz del Padre dirigida a Cristo, y ver descender sobre él la gracia del Espíritu Santo.

Ya lo dijo el apóstol Pablo: «A vosotros se os ha dado la gracia de creer en Jesucristo y aún de padecer por él» (Flp 1,29). Y si dice que sufrir por Cristo es un don que éste concede a sus elegidos, es porque, tal como dice en otro lugar: «Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá» (Rm 8,18).

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