¡Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu reino!

¡Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu reino!

¡Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu reino!

Jesús es nuestro Salvador y también es Rey, como se lo afirmó a Pilatos, pero siendo Rey de cielos y tierra nunca hizo ostento de esa condición suya; lo que sí hizo constantemente fue invitarnos a participar de su reino, un reino que este mundo no conocía.

En este mundo hay muchos reinos, ¿pero alguno es reino del cual nosotros quisiéramos participar? Muchas veces sabemos del “rey tal” por los medios de comunicación, y muy pocos son las personas que los conocen y que hablan con ellos, en su mayoría personas de “poder”; son reyes lejanos, personas a quienes no conocemos realmente.

He aquí la maravilla del Señor, Él es cercano de todos, en especial de los más necesitados. Y sin embargo aún no es de todos conocido, por lo que por aquí ha de empezar el querer participar de ese reino; primero: verlo, saber que existe, saber que es un hombre de una majestad inigualable, pues es de condición Divina, y que, aun siendo de esta condición, Él está ahí en cada momento, cercano, atento, disponible a ti, a qué lo veas; nuestro segundo paso sería tener el corazón abierto a su gracia para, de esta manera, poder reconocerlo: es Dios, Tú eres Dios, Nuestro Salvador… mí Salvador; cuando te das cuenta a quién acabas de ver y reconocer, ya no hay vuelta atrás, ya tu vida no vuelve a ser la misma; ¡has conocido a Dios!; lo que será Él para ti, desde ese momento solo tú y Él lo sabrán; y dependerá del momento de tu vida en que lo conozcas; porque ese momento marcará tu vida, podrá ser quien te haya amado, quien te haya rescatado, quien te haya acompañado, quien te haya enseñado, quien te haya salvado.

Conocer al Señor te lleva inevitablemente a amarle; porque una vez que lo conoces, una vez que conoces al amor mismo, ya jamás lo querrás dejar, ya no vislumbras una vida sin Él; es algo que no conocieron antes tus ojos, ni tú corazón, ni tú ser completo; y quedas de tal manera adherido a Él, que no concibes ya caminar por un lugar distinto; porque has visto, reconocido y amado a Dios mismo, al Rey de cielos y tierra; y ha comenzado a habitar en ti, en tu corazón, un reino que no es de este mundo, que no lo ves en lo material; un reino que comienza en lo más profundo de tu ser, un reino de cuyas riquezas participamos en este mundo por medio de los sacramentos.

Cuando tienes ese encuentro con el Señor, y le abres tu corazón, ahora es Él quien reina en ti.

Y si no hemos tenido ese encuentro, ¿qué podemos hacer?; el mismo Señor nos lo enseñó en la oración de “el Padrenuestro”: “venga a nosotros tu reino”; hemos de pedirlo a Dios Padre, incansablemente.

Que el Señor reine en nuestra mente, en nuestro corazón y en todo nuestro ser; pedirle con nuestras pobres fuerzas: Señor que logremos verte, reconocerte y amarte como Dios, nuestro Salvador, para que viéndote te reconozcamos, y reconociéndote te amemos, y amándote te sigamos, y siguiéndote cambiemos y salgamos del error; para así a llegar un día a la plenitud de tu reino en el cielo.

Les dejo la oración de consagración para este 22 de noviembre Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo:

Cristo Rey

¡Oh Cristo Jesús!

Te reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Ti. Ejerce sobre mí todos tus derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar según mis medios, los derechos de Dios y de tu Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Te ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan tu Sagrada Realeza, y que así tú reinado de paz se establezca en el Universo entero. Amén.

Por: Taide Leticia Martínez Montiel, GDH

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