La gracia de Dios será vuestra fuerza – Cardenal Tarcisio Bertone

La gracia de Dios será vuestra fuerza – Cardenal Tarcisio Bertone

La gracia de Dios será vuestra fuerza – Cardenal Tarcisio Bertone

Homilía en el santuario de Fatima

La palabra de Dios que resuena en la liturgia de hoy en todo el mundo (XXVIII Domingo, año C) adquiere un significado muy particular para nosotros que la escuchamos en este lugar bendito, marcado hace 100 años por la presencia particular de María. Aquí todo sigue estando iluminado por esta presencia espiritual, la cual nos ofrece también una perspectiva de lectura del mensaje de las Escrituras, que podemos sintetizar así: María fue preservado de la lepra del pecado, vivió en perenne acción de gracias a Dios y se convirtió en icono de salvación; ella, «llena de gracia», es signo de la fidelidad de Dios a sus promesas, imagen y modelo de la Iglesia, nuevo Israel abierto a todas las naciones; María participó plenamente en el misterio pascual del Hijo: murió con él y vive con él, perseveró con él y reina con él y vive con él, (2 Tm 2, 11-12). La hermosa Señora se presenta a los pastorcillos resplandeciente  de luz; pero en sus palabras, y a veces también su rostro, velado en parte por la tristeza, es constante la referencia a la realidad del pecado; muestra a los niños su Corazón inmaculado coronado de espías, explica que son necesarios su oración y su sacrificio para reparar los numerosos males que ofenden a Dios, para que cese la guerra y reine en el mundo la paz.

El lenguaje de María es sencillo, adaptado a los niños, pero no está dulcificado ni es como el de las fábulas; más aún, con palabras muy realistas, los introduce en el drama de la vida; les pide su colaboración y, al ver que Jacinta, Francisco y Lucía tienen una disponibilidad generosa, les revela: "Entonces, deberéis sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza" (Primera aparición, 13 de mayo de 1917).

La Virgen escoge niños inocentes como colaboradores suyos privilegiados para combatir, con las armas de la oración y la penitencia, el sacrificio y el sufrimiento, la terrible lepra del pecado que corrompe a la humanidad. ¿Por qué lo hace? Porque esto responde al método de Dios, el cual «ha escogido lo débil del mundo, para confundir lo fuerte, (…) lo que no es, para reducir a la nada lo que es» (1 Co 1, 27-28).

Podemos pensar en el ejemplo de tantos niños que han afrontado, y también hoy siguen afrontando, el sufrimiento y la enfermedad con serenidad, consolando a sus padres y a sus familiares en momentos de tan gran prueba. Entre estos estupendos ejemplos de pequeños apóstoles de Cristo me complace recordar la figura extraordinaria de Silvia Dissegna, un muchacho piamontés que murió de cáncer a los doce años, cuya causa de beatificación ya está introducida.

100 años después de las apariciones, Fátima (puedes comprar la mejor película de Fatima aquí) sigue siendo un faro de esperanza consoladora, pero también un fuerte estímulo a la conversión. La Luz que María hizo resplandecer a los ojos de los pastorcillos, y que se manifestó a tanta gente en el milagro del sol del día 13 de octubre, indica que la gracia de Dios es más fuerte que el pecado y la muerte.

Sin embargo, María pide a todos conversión y penitencia; quiere corazones sencillos, que acepten generosamente orar y sufrir para la reparación de los pecados, para la conversión de los pecadores y para la salvación de las almas. María espera la respuesata de todos sus hijos.

Queridos hermanos y hermanas, acojamos su invitación y permanezcamos fieles a nuestra vocación cristiana. Ofrezcamos cada día fervientes oraciones, especialmente el santo rosario, y nuestros sufrimientos, para la reparación de los pecados y la paz en el mundo. Considerémonos pequeños y humildes hijos suyos, deseosos de vivir para alabanza y gloria de la santísima Trinidad, a quien esta Iglesia está felizmente dedicada. Amén.

Cardenal Tarsicio Bertone.

 

 

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