Evangelio del día 3 de diciembre 2019

Evangelio del día 3 de diciembre 2019

Cita del evangelio del día: Lc 10,21-24

En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

Comentario del evangelio del día por San Atanasio:

Vemos al Salvador manifestarse muchas veces como hombre, porque la divinidad unió a sí la humanidad; no desconozcas, sin embargo, a Dios por el régimen del cuerpo. Mas ¿qué responden los que quieren que haya subsistencia del mal, formándose un Dios diferente del verdadero Padre de Cristo? Dicen que es ingénito, creador del mal, príncipe de la injusticia y fabricador de la máquina del mundo. Pero dice el Señor, aprobando la palabra de Moisés: «Confieso a ti, Padre, Señor del cielo y de la tierra».

No entendiendo bien esto los sectarios de Arrio, deliran contra el Señor, diciendo: Si se le han dado todas las cosas (esto es, el dominio de las criaturas), hubo un tiempo en que no las tenía, y así no es consustancial al Padre. Porque, si lo fuese, no hubiera necesitado recibir; pero de esto resultaría más patente su demencia. En efecto, si antes de recibirlas no tenía criaturas el Verbo, ¿cómo se salvará aquella sentencia: «Todas las cosas subsisten en El» (Col 1,17). Además, si le fueron dadas todas las criaturas al mismo tiempo que fueron creadas, no había necesidad de dárselas, porque «por El fueron hechas todas» (Jn 7). No se trata aquí, como ellos piensan, del dominio de las criaturas, sino más bien de la obra de la encarnación, porque, después que el hombre pecó, se trastornaron todas las cosas, y el Verbo se hizo carne para restaurarlas todas. Luego le fueron dadas todas las cosas, no porque careciese de poder, sino para que, como Salvador, las enmiende todas; para que así como por el Verbo todo fue creado en el principio, así el Verbo, hecho carne, lo restaure todo en El.

Habiendo dicho esto el Señor, ya no cabe duda alguna que los arrianos se le oponen cuando dicen que el Hijo no ve al Padre. Pero se demuestra la demencia de ellos cuando dicen que el Verbo no se conoce a sí mismo, siendo así que da conocimiento a todos de quién es El y quién es el Padre. Prosigue, pues: «Y aquel a quien lo quisiere revelar el Hijo».

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