• 20/01/2022

Evangelio del día 27 de Noviembre 2021

Cita del evangelio del día: Lc 21,34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

Comentario del evangelio del día por: San Basilio

34. «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida…» Cada uno de los animales tiene de Dios interiormente los medios que han de contribuir a su propia conservación; por lo que Jesucristo nos ha dado este consejo con el fin de que lo que ellos tienen en su instinto lo tengamos nosotros con el auxilio de la razón y de la prudencia. Así que debemos huir del pecado como huyen los animales de los pastos mortíferos; pero debemos buscar la justicia como buscan ellos las yerbas nutritivas; por esto dice: «Mirad por vosotros», esto es, para que podáis distinguir lo saludable de lo nocivo. Pero como se puede mirar de dos modos, ya con los ojos del cuerpo o ya por la potencia intelectual, y los ojos del cuerpo no pueden conducir a la virtud, ha debido por tanto referirse a un acto de la inteligencia al decir: «Guardaos», esto es, tened circunspección en todo, y que en custodia vuestra esté siempre vigilante la luz de vuestra alma. Y no dice cuidad de los vuestros o de aquellos que están alrededor vuestro, sino de vosotros. Vosotros sois la inteligencia y el alma; y lo vuestro son el cuerpo y los sentidos; en rededor vuestro están vuestros bienes, vuestras artes y lo demás que contribuye a la comodidad de la vida; pero no dice que nos cuidemos de estas cosas, sino del alma, que debe constituir nuestro primer cuidado. Este mismo consejo sana a los que están enfermos, perfecciona a los que están sanos; hace conservar el presente y proveer al futuro; nos impide censurar a los demás y nos induce a examinar nuestras acciones; no permitiendo que la inteligencia se someta a las pasiones, sino sujetando lo irracional al alma racional. Y da la razón de por qué deba obrarse así, diciendo: «Que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida…» (in serm. super attende tibi).

La «embriaguez» consiste en el uso exagerado del vino y la crápula es la ansiedad y náusea que causa la embriaguez, llamada así de la palabra griega que quiere decir trastorno de cabeza. Y así como debemos usar de los alimentos para calmar el hambre, así también hemos de usar de la bebida para templar la sed evitando con cuidado los excesos, pues el vino es una bebida falaz; pero el hombre libre del vino será más prudente y bueno; y humedecido por los vapores del vino, queda velado como por una nube.

La curiosidad y los cuidados de esta vida aunque no parece que estorban deben evitarse cuando no contribuyen al servicio divino. Manifiesta por qué dijo esto, cuando añade: «Y venga aquel Día de improviso sobre vosotros.» (in regulis brevioribus ad interrogat 58).