Evangelio del día 1 de Enero 2020

Evangelio del día 1 de Enero 2020

Cita del evangelio del día: Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

 

Comentario del evangelio del día por San León Magno:

La fiesta de Navidad renueva en nosotros los primeros instantes de Jesús, nacido de la Virgen María. Y nosotros, al adorar el nacimiento de nuestro Salvador, celebramos nuestro propio origen. En efecto, el pueblo cristiano comienza en el momento de venir Cristo al mundo: el aniversario de la cabeza es el aniversario del cuerpo.

Ahora bien, entre los tesoros de la generosidad divina ¿podemos encontrar algo más de acorde con la dignidad de la fiesta de Navidad que la paz proclamada por el canto de los ángeles en el nacimiento del Señor? (Lc 2,41). Porque es la paz la que engendra hijos de Dios, la que favorece el amor, la que hace nacer la amistad, la que es el descanso de los bienaventurados, la morada de la eternidad. Su obra propia, su particular beneficio es unir a Dios los que ella separa del mundo… Puesto que, los que «no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano» sino que «nacen de Dios» (Jn 1,13) deben ofrecer al Padre la voluntad unánime de hijos constructores de paz.

Todos los que, por adopción han llegado a ser miembros de Cristo, deben acudir presurosamente y encontrarse junto al primogénito de la nueva creación, el que ha venido «no a hacer su propia voluntad, sino la voluntad del que lo ha enviado (Jn 6,38). Los que la gracia del Padre adopta como herederos no están divididos o en contraste entre ellos sino que tienen los mismos sentimientos y el mismo amor. Los que son recreados según la Imagen única (cf Hb 1,3; Gn 1,27) deben tener un alma que les asemeje. El nacimiento del Señor Jesús, es el nacimiento de la paz. Tal como lo dice san Pablo: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14).

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