El Rosario introduce al cristiano en la vida de Jesús

El Rosario introduce al cristiano en la vida de Jesús

El Rosario introduce al cristiano en la vida de Jesús

Contemplar el rostro de Jesús es una necesidad para el cristiano. Es más, Benedicto XVI ha afirmado que «no se comienza a ser cristiano  por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida». La oración del rosario no es otra cosa que contemplar con María el rostro de Cristo.

En el mes de octubre se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y es una mes dedicado muy especialmente al rezo del rosario. Esta plegaria mariana es eminentemente cristológica. No hay duda de que María nos ayuda mucho a contemplar el rostro del Señor, porque nadie como ella se ha dedicado con tanta asiduidad a la contemplación del rostro de su Hijo. Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, le acompañaron en todo momento y la llevaron a recorrer con el pensamiento los diversos acontecimientos de su vida al lado de Jesús.

María conservaba todos estos recuerdos en su corazón y son éstos los que han constituido, en cierta manera, el rosario que la Madre de Dios ha recitado constantemente en los días de su vida mortal.

El rosario que la Iglesia nos propone para alimentar nuestra piedad considera sólo unos cuantos misterios de su vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Hasta hace unos años, estos misterios eran los de gozo, dolor y gloria. Quince en total. Sin embargo para resaltar más el carácter cristológico del rosario, Juan Pablo II añadió unos misterios de luz, como son el bautismo de Jesús en el Jordán, Las bodas de Caná, el anuncio del Reino, La transfiguración de Jesús en el Tabor y la institución de la Eucaristía.

La vida cristiana consiste en conocer, amar e imitar a Jesucristo. La contemplación del rostros del Señor por medio de la consideración de los diversos misterios del rosario ha de conducir a configurarse con Jesús. El apóstol Pablo habla en sus cartas de «revestirse de Jesucristo» y coherentemente, pide que tengamos «los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo». En el recorrido espiritual del rosario la configuración con el Señor se consigue introduciéndose, el cristiano, de manera natural en la vida de Jesús y compartiendo de alguna manera sus sentimientos.

Con el rezo del rosario se puede hacer la experiencia personal de que esta plegaria marca el ritmo de la vida humana para armonizarla con el ritmo de la vida divina, con una comunión gozosa con la Santísima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia. No hay que olvidar aquella importante afirmación del Concilio Vaticano II: «Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». El rosario marca el ritmo de la vida humana. Es la implicación antropológica de esta oración cristológica y mariana, porque quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, también descubre en él la verdad auténtica sobre la persona humana. Al reseguir el camino de Cristo, el creyente se sitúa ante la imagen del hombre verdadero.

Con frecuencia, quizá no se piensa que el rosario es una oración orientada por su misma naturaleza hacia la paz en el mundo, por el hecho mismo de que contempla Cristo, Principe de la paz. Al hacer esta plegaria se va asimilando el misterio de Cristo, se aprende el secreto de la paz y se hace de ésta un proyecto de vida. El rosario introduce al cristiano en la vida de Jesús. Es  también desde siempre una plegaria de la familia y para la familia. Y la familia que reza unida permanece unida. Como afirmaba San Juan Pablo II, «una plegaria tan fácil y, al mismo tiempo, tan rica merece en verdad ser recuperada por la comunidad cristiana».

Cardenal Lluis Martinez Sistach

 

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