¿Cómo es la vida de los sacerdotes? (1ªParte) – José Gea, obispo emérito.

¿Cómo es la vida de los sacerdotes? (1ªParte) – José Gea, obispo emérito.

¿Cómo es la vida de los sacerdotes? (1ªParte) – José Gea, obispo emérito.

Un hecho indiscutible es que cuando un sacerdote comete una falta muy grave, se publica en todo el mundo. ¿Hay algunos sacerdotes que fallan? Como en cualquier otro grupo. ¿Qué pasaría si se publicasen esos mismos fallos si los cometiesen un abogado, un político, un industrial, un médico…? ¿Diríamos que los abogados, los políticos, los industriales, los médicos… son unos corruptos? ¿Por qué hay quienes lo dicen de los sacerdotes? Gracias a Dios, los sacerdotes gozan de buena salud moral.

Conozco a muchos sacerdotes que están trabajando en barriadas pobres, en pequeños pueblos o en misiones, incluso en países donde la Iglesia y ellos son perseguidos hasta el martirio; casos en que podrían haberse labrado un gran porvenir si se hubiesen dedicado a un trabajo civil para el que tenían una gran capacidad. Porque sacerdotes de valía los hay, y muchos.

Sentado esto, a mi modo de ver, clarísimo, empiezo mi reflexión con dos frases: la primera, lo que le dijo un “indiecito peruano” a un misionero que se estaba quejando porque le necesitaban urgentemente en una aldea alejada de su parroquia de misión y a altas horas de la madrugada, y después de un agitador día de misión, iba refunfuñando por dicha tarea extra; y el indiecito, con toda sencillez y sabiduría le espetó: “Entonces padrecito ¿para qué te hiciste sacerdote? Y la segunda, algo que repetía con frecuencia don José Maria García Lahiguera, antiguo arzobispo de Valencia. Decía que el sacerdote debe ser siempre sacerdote y sólo sacerdote.

Entre tantos comentarios que se hacen sobre los sacerdotes, quiero centrar el mío en si sería conveniente que la Iglesia dejase en libertad a los sacerdotes para ser casados o célibes. Muchos, incluso sacerdotes, opinan así. Dan algunas razones:

Hay quienes tienen vocación para sacerdotes, pero no para el celibato.

Pero nadie tiene vocación para el celibato. Jesús llama a los que quiere, no para el celibato, sino para continuar su sacerdocio. Lógicamente, como en toda imitación de Jesús, los llamados al sacerdocio deben tender a vivirlo con la mayor perfección posible, como deben vivirse todas las virtudes, es decir, imitando la manera de vivirlas Jesús. Es aquí donde el celibato encuentra su razón de ser. Porque vocación al celibato en sí, no la hay; el celibato supone una liberación de todo lo que pueda impedir estar totalmente libres para el ejercicio del sacerdocio. No consiste sólo en renunciar al matrimonio, sino en renunciar incluso al matrimonio. En dicho incluso se incluye que debemos renunciar a todo o que no sea un medio de tener una dedicación en exclusiva al sacerdocio. Todo lo que sea buscar riquezas, comodidades, diversiones, negocios, ascensos o trepas como se dice ahora, debe excluirse de la vida sacerdotal. En esto consiste el celibato.

(Fin de la primera parte).

 

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