Comentario del Evangelio de hoy 18 de abril de 2018

Comentario del Evangelio de hoy 18 de abril de 2018

Ofrecemos el comentario al evangelio de hoy, 18 de abril de 2018, miércoles de la tercera semana de Pascua. El evangelio del dia corresponde a San Juan, capítulo seis, versículos del 35 al 40. Y de este evangelio podemos destacar los siguientes puntos:

  1. «He bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado»
  2. «Que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día»

Respecto del primer punto podemos considerar lo siguiente: la importancia de la obediencia en la vida de la fe, en la vida del católico. La obediencia es una virtud necesaria si queremos imitar a Jesucristo. Él nos lo dice, que no ha venido para hacer su voluntad, sino la del Padre. Cristo nos redime porque el Padre se lo ha pedido, es un acto de obediencia. Se entiende que esto sea así, pues el acto que provocó la entrada del pecado en el mundo fue un acto de desobediencia del hombre a Dios. El acto que nos ha abierto las puertas del cielo, que nos ha dado la vida eterna es un acto de obediencia perfecta a Dios. Pero no estamos hablando aquí de la obediencia de un militar, una obediencia porque si, es una obediencia por amor, una obediencia fruto de la caridad. La humildad engendra en el alma el amor, y ese amor es obediente al Padre en todo. Pero, ¿obedecer a quién? obedecer a Dios Padre, pero la voluntad del Padre ha sido manifestada al Hijo, y el Hijo se la ha transmitido a su Iglesia, la católica, por tanto, si queremos obedecer al Padre, hay que obedecer, como hijos amorosos a la Iglesia. Obedecer a sus pastores, obedecer al Papa, a sus sacerdotes. Cada uno de nosotros tiene una parroquia, pues debemos considerar a nuestro párroco a alguien que representa la autoridad de la Iglesia y debemos ponernos a su disposición para las necesidades de nuestra comunidad.

Respecto del segundo punto podemos considerar lo siguiente: nos dice el Credo: «creo en la resurrección de los muertos». Así es, hoy Jesucristo nos habla de esta verdad que el Credo nos enseña, que al final de los tiempos resucitarán nuestros cuerpos. Si hemos sido buenos, hemos practicado los mandamientos de la Ley de Dios, hemos vivido de la gracia sacramental, y hemos muerto en gracia de Dios, iremos al cielo. Pero sólo irá al cielo nuestra alma. Sin embargo, llegará un día en que nuestros cuerpos resucitaran y nuestras almas volverán a entrar en esos cuerpos. Pero estos cuerpos estarán limpios de toda mancha de pecado, de la concupiscencia, que es la marca que el pecado deja en nuestras almas, esa inclinación al mal no existirá y nuestros cuerpos tendrán las virtudes de los cuerpos resucitados.

 

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