Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Yo soy el pan de Vida

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Miradas

“Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn 6, 48-51).

“Yo soy el pan de Vida» dijo nuestro Salvador a los judíos y fue motivo de murmuración entre ellos (cfr. Jn 6, 41), Nuestro Señor Jesús era el Mesías que tanto esperaban por siglos los judíos; ellos conocían muy bien las Escrituras y estaban a la espera de Él, conocían los portentos de Dios Padre, creían y seguían los mandamientos dados a Moisés, pues él fue el instrumento que Dios había elegido para liberarlos de la esclavitud de los egipcios, así que recordaban con precisión todo aquello que vivió; obviamente recordaban el maná caído del cielo que envío Dios tomando de instrumento a las codornices y que era blanco como la semilla de cilantro y tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel (Cfr. Ex 16, 4. 13-14. 31), y que fue su alimento por 40 años sin necesidad de fatigarse para obtenerlo.

Pero cuando escuchan de viva voz al Hijo de Dios decir: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”, no pudieron hacer más que únicamente escandalizarse y murmurar de Él, pues Jesús no solamente se declaraba a sí mismo ser más que Moisés -a quién ellos “seguían y admiraban”- que los había librado de la esclavitud, sino que Él mismo declaraba ser ahora el alimento que Dios Padre les mandaba del cielo, y no solo eso, sino que con ese alimento daba la Vida al mundo, es decir les daba la vida eterna; fue motivo para que todos aquellos que lo escuchaban dieran la vuelta y se fueran, dejándolo y olvidando aquel milagro de la multiplicación de los panes en la que comieron hasta saciarse (Crf. Lc 9, 17).

Dios Padre le dio a Moisés este mensaje: “Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo” (Ex 16, 4); únicamente le dio el mensaje; por su parte, Jesús, en la multiplicación de los panes: “pronunció sobre ellos –los panes– la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud” (Lc 9, 16); siendo Jesús el Hijo de Dios, con el “poder y gracia del Padre” y que le confiere por ser su Hijo, y porque Él mismo es Dios, realiza el milagro de la multiplicación de los panes; a Él no se le da un mensaje, sino que tiene el poder de Dios para darse Él mismo como alimento nuestro.

Pero ahora Jesús lo lleva más lejos, y lo que dice es inconcebible a la razón de los judíos: “Yo soy el pan de Vida. El que coma de este pan vivirá eternamente” (Jn 6, 48.51), y no solo a su razón es inconcebible, nos explica San Juan Pablo II, Papa, en su homilía (31-05-1997): “Sin la fe en aquel a quien el Padre envió no es posible reconocer y aceptar este don que no pasa”, es decir también les falló la fe y no pudieron reconocer el poder de Jesús, el poder del Hijo de Dios; no tuvieron fe en que no solo tenía poder para multiplicar los panes, sino que tenía poder para dársenos Él mismo como el único alimento que nos lleva a la Vida eterna, pues hasta este punto todos los grandes patriarcas morían, y ahora viene Jesús y les habla de comer su cuerpo y de la vida eterna; dos cosas que para ellos eran motivo de escándalo.

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna” (Jn 6, 54). La Iglesia, fiel a las enseñanzas que Jesús nos dio, nos enseña que nuestro Señor es el manjar con el cual se alimenta nuestra alma. Así como nuestra carne, nuestro cuerpo, requiere alimentos para poder sostenerse y vivir en este mundo, así nuestra alma necesita un alimento que la mantenga unida a Dios y la prepare para la vida eterna, y esa solo nos la puede dar el dueño de la vida y de la eternidad: Dios.

Y este Pan Santo es la mayor riqueza que tenemos en nuestra Iglesia; “es Jesús Sacramentado, amor de los amores, manjar de los manjares”, como lo dice la letra del canto que hacemos cuando lo adoramos en este Santo Sacramento; y bajo este nombre nos lo presenta nuestra Iglesia por medio del Catecismo: Eucaristía, porque es acción de gracias a Dios, Banquete del Señor (cf 1 Co 11,20), Santísimo Sacramento, Comunión, pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Ephsios, 20,2), viático… (Cfr. CEC 1330-1331).

Al paso de estos casi dos mil años ¿cómo tomamos ahora cada uno de nosotros las palabras de nuestro Salvador cuando dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna” ?, ¿cómo acoges tú estas enseñanzas que él mismo nos vino a dar y que además cumplió con su pasión, muerte y resurrección, y ahora se queda entre nosotros dándosenos como alimento cada vez que el Sacerdote consagra las hostias, quedando transformadas en el Cuerpo y Sangre del Señor?; el Señor se queda, en la Eucaristía, transformado en nuestra medicina de inmortalidad. 

Si vas a Misa y no comulgas ¿estás consiente de lo que significa no poder disfrutar del único manjar que te lleva a la vida eterna? 

O si vas a Misa y te escandalizas como los judíos sin poder concebir que Él está realmente en este Pan bajado del cielo ¿estás dispuesto abrirle tu mente y tu corazón para que él obre en ti y te regale la fe que te falta? 

Y si cada vez que asistes a Misa tienes la dicha de recibirle en el Santísimo Sacramento, tienes la dicha de estar en comunión con Él, ¿estás realmente consciente que es Jesús a quien acabas de recibir en esa Hostia Santa?

Quizás ahora podamos hacer vivo el Evangelio y dejar que nuestro Señor nos confronte igual que lo hizo con los apóstoles:

Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».

Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.

Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios». Jn 6, 67-69

 

Dios sea Bendito

Este artículo ha sido escrito para el Blog del Sagrado Corazón por Taide Leticia Martinez Montiel, GdH de SLP, Mex.