Blog del sagrado Corazón de Jesús: Pureza de corazón

Blog del sagrado Corazón de Jesús: Pureza de corazón

Blog del sagrado Corazón de Jesús: Pureza de corazón

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8).

Para ver a Dios hay que tener el corazón limpio; ¿qué significa ser limpio de corazón? Acaso se trate del no tener doblez, ni intenciones ni actitudes de hipocresía. El que tiene el corazón limpio es el hombre honrado, como dice el salmo: “¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura. El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación. Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob” (Sal 23, 3-6).

Ser de limpio corazón es ser como Bartolomé, el apóstol; cuando Felipe lo lleva a presentar ante Jesús, éste dice: “aquí está un verdadero israelita en el que no hay doblez” (Jn 1, 47). También podemos decir que quien tiene limpio el corazón es el que nunca pierde la inocencia, la pureza de la niñez, recordemos que en este mismo evangelio, cuando a Jesús le preguntan acerca de quién es el más grande en el reino de los cielos, él tomando a un niño pequeño en sus brazos, dice a sus discípulos que deben cambiar y hacerse como los niños (Mt 19, 1-6). Al final reitera: “cuidado con despreciar a estos pequeños, porque yo les digo a ustedes que sus ángeles contemplan el rostro de mi padre todos los días” (Mt 18, 10).

Aquí hay que replicar. Los ángeles son los que ven el padre eterno todos los días, no los pequeños. Sin embargo, los ángeles son quienes nos conectan con el Todopoderoso, los ángeles tienen pureza. Para ver a Dios hay que ser como los ángeles. Para ver a Dios hace falta solamente la pureza del corazón.

Pero, ¿cómo decimos que los ángeles tienen corazón puro, si no tienen cuerpo? Esta pregunta podría parecer interesantemente absurda; se dice que los ángeles tienen puro corazón, pero es cierto que la palabra corazón, en este, como en muchos casos, no se refiere al órgano corporal, sino a la inteligencia y a la voluntad. Recordemos cuando a Jesús se le acercan los fariseos para preguntarle acerca de si se vale o no el divorcio —pues según ellos Moisés les permitió el divorcio mediante una carta que podían entregar a sus esposas para separarse de ellas legalmente— a lo cual responde Jesús: “eso lo permitió Moisés debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no fue así” (Mc 10, 1-13); este texto se puede leer: “debido a su mala cabeza”, o “debido a su poca capacidad de voluntad y entendimiento”. De la misma manera se puede entender aquello que dijimos antes acerca del corazón puro de los ángeles; ellos son espíritus puros, ciertamente no tienen corazón físicamente como lo tenemos nosotros. Cundo decimos que los ángeles tienen pureza de corazón significamos que ellos tienen puesta toda su voluntad y entendimiento puesto solo en Dios, de la misma manera que lo que dijimos citando el salmo 23 aquí arriba; “el hombre de manos limpias y corazón puro”, es el que tiene su pensamiento y su voluntad siempre orientado a la Ley de Dios y a la voluntad divina.

Así que los ángeles pueden contemplar a Dios. Esto es fantástico. Significa que podremos ver a Dios, porque somos casi ángeles. En efecto, el salmo 8 dice “apenas inferior a los ángeles tú lo hiciste”. Parece que mientras pasamos por la vida se nos olvida nuestra verdadera condición de hijos de Dios. Somos casi ángeles, pero lo olvidamos, porque dejamos que nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestras intenciones se trastoquen y sean terrenales. Deberíamos recordar con más frecuencia esta verdad. Somos apenas un poco menos que los ángeles, lo que nos diferencia es que tenemos cuerpo. Necesitamos aprovecharlo como un medio para ser más grandes. Pensemos en los ángeles: son seres perfectísimos, pero son seres espirituales, ellos no tienen, como nosotros, un cuerpo; podríamos decir que, de alguna manera, les llevamos algo de ventaja, porque tenemos esta corporalidad, somos espíritus como ellos, pero además somos carne, somos espíritus encarnados. No deberíamos tener dificultades para alcanzar la perfección. Los hombres no somos capaces de ser más acaso porque no queremos. Tenemos espíritu y tenemos cuerpo, ¿por qué no logramos trascender? ¿Por qué no somos más en la práctica? Deberíamos. El cuerpo debe servir como expresión del alma, pero no sabemos utilizarlo para los fines verdaderos y oportunos.

En la Escritura encontramos diversas actitudes angélicas, intervenciones de los ángeles, espíritus puros, ellos pueden, con el permiso de Dios, adoptar la forma humana y aparecer ante los hombres sin ser advertidos de lo que en realidad son, o bien, se presentan abiertamente como ángeles, pero la Escritura nunca dice cómo son, lo cual nos lleva a considerar que ellos no son diferentes de nosotros en la apariencia, que solo no son materiales como nosotros. Pero nosotros sí somos como ellos. Y tal vez lo hemos olvidado. No somos perfectísimos, parece que la corporalidad nos limita, pero no debería, al contrario, tenemos dos principios fundamentales: alma y cuerpo. Podemos tener la pureza del corazón.

Sabemos que los ángeles son espíritus puros; entonces es posible que lo que nos hace algo impuros, por así decirlo, sería nuestro cuerpo. Pero en realidad no es así, y si lo fuera tenemos los recursos que Dios pone a nuestro alcance para obtener la pureza: los sacramentos, con ellos alcanzamos la gracia, con ellos Dios nos ayuda a tener pureza. Con la gracia somos casi como los ángeles, nuestro cuerpo ya no es tan importante como nuestra alma.

Los pequeños no se complican. Ellos tienen una pureza natural. Ellos no necesitan esforzarse, se confían al cuidado del padre y de la madre, ellos se dejan guiar por la vida. Lo malo es que en algún momento misterioso de la propia vida, los niños pierden la inocencia, la pureza; dejan de lado la confianza en los padres y aprenden muchas cosas que, al mismo tiempo que les ayudan a progresar humanamente, los pueden llevan a la pérdida del rumbo espiritual. La pureza se puede perder desde muy temprano, pero nunca es tarde para recuperarla.

Los santos vienen a ser aquellos maestros que nos recuerdan la necesidad de mantener la inocencia. Ellos parecen niños, sus valores cambian; cuando deberían ir por la carrera económica, los intereses personales, ellos lo hacen al revés, al contrario de cómo el mundo enseña; pero no al revés de cómo debería ser. Los puros de corazón son los que vuelven a tener corazón de niños, los que vuelven a creer que la vida es fácil, que es posible vivir sin temores, confiados al cuidado del Padre celestial.

Pero pasemos a otras consideraciones. Pureza de corazón significa también rectitud de intenciones, más que eso, una traducción o interpretación más literal sería ésta: los que tienen la mente limpia; pureza de corazón es una expresión que hay que entender con un giro; significa al que no se le ha corrompido su mente; la palabra corazón se emplea aquí como “cordura”, y esta palabra también tiene la misma raíz de ‘corazón’; la cordura de los justos. Así pues, pureza de corazón significaría a la persona que tiene la conciencia tranquila por haber cumplido su deber.

Pureza de corazón puede entenderse adecuadamente como recta intención. Esteban, momentos antes de morir, dijo a los judíos: “duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos” (Hech 7, 51); y más adelante: “estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está de pie a la derecha de Dios” (Hech 7, 56). Solo los limpios de corazón pueden ver a Dios”.

Y ¿qué es la limpieza o pureza de corazón? En realidad se trata de tener sentimientos positivos, amor desinteresado, rectas intenciones, mucha inclinación al bien y superar la inclinación al mal. Solo se puede tener buena intención ejercitándola. No somos ángeles. Por tanto tenemos inclinación al pecado; la forma de tener pureza de corazón es ejercitar la bondad, la buena voluntad, esto es, superar la inclinación al mal que nuestros sentidos, nuestra corporalidad, nos ponen enfrente.

Es cierto que no somos ángeles, nos sobra cuerpo, pero no significa que eso nos haga imperfectos, debemos someter al cuerpo, pero someterlo no significa eliminarlo o maltratarlo, despreciarlo o hacerlo menos, fuimos dotados de corporalidad porque esto es una oportunidad. Es verdad que el cuerpo nos limita en demasía, pero también nos ayuda extremadamente, tenemos algo que la criatura angélica no tiene.

Buena voluntad, esto es lo que hace la pureza del corazón. Rectas intenciones, esto es lo que hace un corazón limpio. Limpísimo, es decir no manchado, no contaminado. El ejemplo más claro de esto lo podemos encontrar en la Virgen María, la cual fue saludada por el ángel: “alégrate, llena de gracia, el señor está contigo” (Lc 1, 28), esto es, “bienaventurada, María, porque tienes limpieza en el corazón, y veras a Dios”. En efecto, estar lleno de gracia o bien, tener la gracia significa, con toda claridad, ser de limpio corazón, sin mácula; estar con el Señor es verlo de tiempo completo.

Ver a Dios no es necesariamente contemplarlo con estos ojos, no; Significa más bien tenerlo presente en la vida en todo momento. La pureza del corazón la tiene la persona que “no sigue los consejos de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta” (Sal 1, 1); pureza de corazón la posee el que tiene amor, según lo que escribe san Pablo a los Corintios: “la caridad es paciente, servicial, no es jactanciosa ni envidiosa” (1, Cor 13, 1ss). La falta de amor es lo que hace que una persona tenga manchas en el corazón; la pureza de corazón, por el contrario, consiste en tener un amor sobrenatural, que sobrepase cualquier amor del mundo. Finalmente recordemos aquello que dijo Jesús que del corazón del hombre sale toda clase de maldad (Mt 15, 10-20); pero también, podemos decir, puede salir del corazón del hombre, un amor cada vez más perfecto, más parecido al amor con que nos ama Jesús: amor de su corazón sagrado.

Artículo escrito por el Padre Pacco Magaña es sacerdote de la GdH del Sagrado Corazón en SLP, Mexico. Libro del padre Pacco: Ver artículo.

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