Blog del Sagrado Corazón de Jesús: «permanecer al pie de la Cruz»

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Blog del Sagrado Corazón de Jesús: «permanecer al pie de la Cruz»

«Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua… » (Jn 19, 34)

 

Jesús, cargando con todos nuestros pecados, sufre una gran agonía en el monte de los olivos: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» (Mt 26, 38) siente el abandono de sus discípulos que se han quedado dormidos aun habiendoles pedido que velaran y oraran para que no cayeran en tentación, y  en medio de esta tristeza, ha tenido las fuerzas, ánimos y amor de orar al Padre pidiendo por todos aquellos que le había dado, pero también dijo: «No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí«. (Jn 17,20)

Flagelado, despojado de sus ropas, siendo escupido en la cara, abofeteado, su cabeza herida fuertemente con una corona de espinas, crucificado en medio de malhechores sin culpa alguna, y Él, sin quejarse, Jesús, manso y humilde, se entrega al Padre como Holocausto para redimir nuestros pecados, por amor a todos nosotros, y darnos la salvación.

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado – porque aquel sábado era muy solemne – rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.

Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.

Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. (Jn 19 31-34)

Es aquí que comienza la fecundidad redentora, en ese Corazón traspasado, del cual brotan  sangre y agua, manantial de misericordia, salvación e infinidad de gracias; dejándonos ver a través de la herida de su divino corazón, ese amor que nos tiene, que nos ama hasta el extremo, y sin embargo hasta ahora no recibe sino ingratitud, menosprecio y olvido.

Podremos pasar por sufrimientos, porque estos son parte de la vida. «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22,42) aún en las noches más oscuras, hemos de conformarnos siempre a la Voluntad de Dios. Cuando lleguen nuestros padecimientos, dolores, etc;  no hemos de renegar ni alejarnos de Dios, abracemos la cruz y ofrezcamos al Padre todo nuestro sufrimiento, unido al de Jesús, por la expiación de nuestros pecados, los del mundo entero, por la conversión de todos nosotros pecadores, por las almas del Purgatorio…etc; de esta manera podemos obtener muchos buenos frutos.

Hemos de permanecer siempre con Él y en Él, en las alegrías y también al pie de la cruz, como lo hicieron su Madre Santísima, María Magdalena y San Juan, el discípulo amado, mientras todos se dispersaban y lo abandonaban, ellos permanecieron fieles a su lado, así también nosotros quedémonos con Nuestro Salvador ¡Demos nuestro corazón a aquél que nos dió primero el suyo!, Respondamos al Amor con amor, en las tribulaciones recordemos siempre que Él es fiel, y nos ha dicho que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, así que en nuestras batallas, no estaremos solos, y no podemos hacer otra cosa más que corresponderle, consolando su Sagrado Corazón, por todos los padecimientos que tuvo en su Pasión, y por todos los agravios, e indiferencia que sigue recibiendo.

Te alabamos Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

Artículo escrito por Susana Martinez. GdH de SLP. Mexico.

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