Blog del Sagrado Corazón de Jesús: No hay santidad, sin castidad

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Blog del Sagrado Corazón de Jesús: No hay santidad, sin castidad

Por: GDH Taide Leticia Martínez Montiel

«Dios Mío, te consagro mi pureza

y hago voto de perpetua castidad.»

Autobiografía de Santa Margarita María Alacoque

Este voto fue hecho por Santa Margarita María Alacoque a nuestro Señor Jesucristo a la edad de 4-5 años, sin siquiera saber lo que significaba “voto y castidad”. Aquello que Santa Margarita María hizo fue en definitiva obra de Dios, como él mismo se lo revela años después siendo ella una adolescente. El primer signo de que fue completamente obra del Señor, fue el momento en que ella hace este voto; no pudo haber mejor manera de que quedara sellado, puesto que esta promesa fue durante la Santa Misa; específicamente en el momento que hay entre las dos elevaciones, es decir, en medio de la consagración de la Sagrada Eucaristía. El llamado del Señor a la “santidad” de Margarita María, fue perfecto, sublime; “consagra” su pureza junto a la “consagración” de lo más perfecto y puro que hay: la Sagrada Eucaristía; es como una confirmación de que es lo que el Señor desea de Santa Margarita María, y sabe que será así, pues ella conserva su perpetua castidad; aquí se podría hacer la apelación de decir: “así que fácil, pues si Dios así quiso que pasara”, pero realmente no es tan sencillo; recordemos que todo ser tiene la opción de decir “sí o no” al plan de Dios en su vida.

El Señor te regala su gracia, pero solo tú decides si la tomas, solo tú decides si te tomas de su mano para poder hacer aquello que él desea de ti.

Y especialmente la pureza y la castidad son virtudes muy valiosas, pero también requieren de un gran esfuerzo por conservarlas, puesto que la pureza y la castidad, que son diferentes entre si, aunque van tomadas de la mano, requieren de un dominio de sí mismo muy grande; requieren la entrega de corazón, mente, cuerpo y espíritu.

Hay un punto que es esencial en la historia de Santa Margarita María, refiriéndonos a este voto que ella ha hecho, y es la intercesión de María Santísima, como les decía anteriormente; siendo ella adolescente, a la edad de 18 años, nuestro Señor se le muestra en visión como Ecce Homo, y le dice: “¿no has olvidado que has hecho voto de castidad y de pureza?, yo te inspiré esta palabra (castidad) y te he confiado a mi madre, para que ella te formara según mis designios”; María Santísima, Virgen de las vírgenes, y además madre nuestra -por ternura de Dios-, ha ido moldeando y ayudando a Santa Margarita María para que pueda perseverar en estas virtudes de la “pureza y castidad”. Santa Margarita María, también tuvo que luchar, como toda adolescente; luchar contra lo que el mundo te ofrece de atractivo: las vanidades, las diversiones, y más adelante, a la edad de 20 años, nuevos obstáculos, ya que los familiares pretenden que llegue al matrimonio y se le presentan buenos partidos; pero el amor de Santa Margarita María a nuestro Señor es más grande; ella recuerda aquel voto que hizo, y la semillita que nuestro Señor puso en su corazón y germinó en su infancia, ahora, en su adolescencia, comienza a crecer con más fuerza, y su único anhelo es entregarse completamente y ser religiosa, “una buena religiosa”, como ella misma llegó a decirlo.

Y la castidad ¿es únicamente para quienes tienen vocación religiosa? La respuesta es no; y es una de las bases para caminar en santidad, en perfección cristiana; si no fuera así, ni siquiera estuviera contemplada en los 10 mandamientos de la ley de Dios, y hay dos mandamientos que te previenen contra los pecados contra la castidad y pureza de cuerpo y alma; Sexto mandamiento: no cometer actos impuros; noveno mandamiento: no consentir pensamientos, ni deseos impuros.

Porque la castidad no solamente tiene que ver con tu cuerpo; tiene que ver con el corazón, con tu mente, tu espíritu; hay un pasaje donde Nuestro Señor Jesús habla sobre el adulterio, pero va más allá, habla de lo que sale del corazón: «Has oído que se dijo: “no cometerás adulterio”. Pues yo te digo: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”» (Mt 5, 27-28); es decir, implica también una abstinencia en tu mente, en tus deseos, en tu corazón.

He escuchado mucho decir: “pero es que los tiempos cambian, las cosas cambian, ya la Iglesia se tiene que modernizar, tiene que adaptarse”… te recuerdo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24, 35); la Iglesia no debe cambiar, ni modernizarse; la Iglesia es fiel a Jesús, a su Evangelio, su plan, sus mandamientos; porque la Iglesia no fue inventada por los hombres; nuestra iglesia fue planeada y fundada por Dios, planeada desde siempre 🙂 y fundada por el mismo Hijo de Dios. La castidad y la pureza no son cuestión de tiempos pasados; estás virtudes conservarán su vigencia por siempre.

La castidad y la pureza son virtudes invaluables, puesto que se trata de la integridad completa de tu ser; la castidad es mantenerte intacto(a) tal cual fuiste creado, es una belleza; y la pureza tiene que ver con tu corazón y con tu mente; debes procurar tenerlos limpios… podría alguien preguntar: ¿entonces la sexualidad es mala?; no lo es, porque Dios crea lo perfecto, lo bueno; pero para que sea bueno todo debe ir dentro del “orden” de Dios, dentro de la gracia; existe el sacramento del matrimonio; se consagra esa unión a Dios, y lo profano se vuelve ahora santo; ve la importancia tan grande que tiene: es un sacramento, es una obra maestra de Dios que te dignifica desde lo divino.

Para todos los que estamos solteros la castidad no quita, ni estorba el que puedas amar; al contrario, eleva tu capacidad de amar, hace a un lado las malas inclinaciones dejando pasar el verdadero amor, libre de toda pasión desordenada.

La pureza del corazón nos alcanzará el ver a Dios: “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt, 5, 8); la purificación del corazón, pureza de intención y de mirada es imposible sin la oración.

¿Qué pasa si te das cuenta que por algún motivo perdiste tu castidad y por ende la pureza de tu corazón?… Jesús hace nuevas todas las cosas, solo tienes que tomarte de su mano; él te ayudará a levantarte; hay muchos santos que, antes de tener ese encuentro personal con él, llevaban una vida desordenada; está San Agustín, por mencionar alguno; él nos dice: “la castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos” (San Agustín, Confesiones, 10, 29; 40); la perseverancia en la castidad es una gracia que solamente puede venir de Dios.

San Pablo nos ayuda a acoger ahora la gracia de Dios: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20); y lo más hermoso que nos dice es lo siguiente: “pero ahora, libres ya del pecado y esclavos de Dios, ustedes dan frutos de santidad, cuyo fin es la vida eterna” (Rm 6, 22).

No hay santidad, sin castidad”

Santa Margarita María, ruega por nosotros.

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