Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Mutilados desde el corazón

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Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehena. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehena Mt 5, 29-30)

Inmediatamente después de aclarar a la muchedumbre el sentido de la Ley en, cuanto al adulterio y su gravedad, el cual tiene origen en el interior del corazón, Jesús lanza esta enseñanza acerca de cortar con algún miembro corporal antes que sea ocasión de pecado. Esto es demasiado drástico, extremadamente radical.

Hay a quienes les gusta interpretar la Biblia de manera totalmente literal, pero en realidad son farisaicos, pues este fragmento del evangelio de san Mateo no lo aplica nadie. Se interpreta de manera convenientemente cómoda. Todo puede ser entendido de manera estrictamente literal, menos esto. Para este pasaje se recurre a diversas justificaciones, lo importante es evitar la mutilación.

Y, efectivamente, Jesús, tal vez no quiso decir estrictamente estas barbaridades; sin embargo, el sentido alegórico es acaso más exigente que el literal. Tal vez no se trate de que Jesús recomiende la mutilación corporal, pero la exigencia no es menor, aun tomando la lectura de manera alegórica. Veamos.

¿No es más fácil cortar una mano a un ladrón que quitarle la intención de robar? ¿No es acaso más fácil cortar la lengua al mentiroso que la mala intención de difamar o acusar en falso? Desde luego que es más fácil; porque mutilar a alguien no corrige el problema de raíz: la falta de amor.

Se deja de cumplir u observar la Ley divina por la corrupción interior, por la falta de amor a Dios y a los semejantes. Una persona puede estar mutilada y no por eso ser buena o mejor que antes; si alguien se amputase sus miembros cuando son ocasión de pecado, seguiría siendo pecador, malintencionado, egoísta y además estaría enojado y triste por la amputación de sus miembros; terrible situación.

Es fácil cortarse cualquier miembro. Pero no es fácil corregir el mal que se ha hecho y mucho más difícil lo es el corregir las intenciones del corazón que se ha alejado de Dios.

¿Quién no ha pecado? Todos lo hemos hecho o todos lo hacemos. Si cortásemos los miembros que nos inducen al pecado o con los que cometemos maldades y eso corrigiera el problema de fondo, es decir, la falta de amor, la solución sería excelente; pero el hecho de no cometer pecados no es suficiente si no nos convertimos en personas virtuosas. No se trata solo de dejar de hacer el mal, sino también de hacer el bien. Y, una persona que carece de alguno o varios de sus miembros, tal vez deje de hacer una o varias maldades, pero acaso estará impedida de realizar otras obras, las obras cotidianas y las obras del bien. La mutilación no es suficiente para ser personas buenas.

Ahora bien, decíamos hace algunos momentos, es más fácil esto de cortar que recurrir a lo que en el fondo Jesús quiso decir de manera alegórica: Cortar con el pecado. Es difícil poner un alto a las ocasiones de pecar.

La verdadera corrección no está en esto. El Papa Francisco lo dijo en México hace algunos años en la reunión con los presos de Cd. Juárez: Ninguna prisión puede rehabilitar a nadie. Es cierto. La reinserción no es algo que se deba realizar de manera posterior a la infracción, sino antes, en el corazón. De esto es de lo que habla Jesús. Hay que cortar con el mal, hay que ponerle freno. Y esto, amigos, sabemos, no es nada fácil. Estar preso es estar un poco mutilado; pero eso no quita del hombre la inclinación al mal.

La mutilación debe ser de otro orden, es decir, cortar la mano significa cortar con la violencia, con la ofensa, con la acusación injusta, con el robo y otros pecados; sacar los ojos consiste en evitar que el mal entre en el corazón; lo mismo que cortar pies significaría el evitar andar por caminos que no conducen a la vida, a la justicia; cortar la lengua se trataría de evitar la mentira, la maledicencia, la difamación, el chisme, la calumnia.

Es más difícil cortar con el mal que cortar los miembros. Esto exige una verdadera disciplina y un ejercicio de renuncia constante.

Al cortar físicamente los miembros se mutila también la capacidad de hacer el bien, pues pies, manos, ojos, lengua, etc., nos sirven para desarrollarnos en esta vida de múltiples maneras. Al mutilarlos no podríamos hacer un sinfín de cosas útiles o buenas. Cortar con el mal es más difícil.

Jesús enseñaba también, a propósito de los fariseos y los judíos en general, que realizan muchas prácticas rituales tradicionales, con la intención de purificarse, como lavarse las manos hasta el codo, lavar los platos, los vasos y las ollas, para purificarse también; él critica estas acciones porque no van a la raíz de la impureza, de lo que en verdad mancha: lo que sale del corazón del hombre; y Jesús hace una lista de muchos pecados que ensucian el alma de verdad. Hay que ir no solo al sentido literal de la Escritura, sino al sentido profundo. Lo que Jesús quiere no es una nación de lisiados, sino un pueblo santo, lo cual se consigue con la Alianza, la fidelidad a la misma, lo mismo que actitudes y acciones que, surgiendo de la bondad del interior, lleven al hombre a practicar las obras más excelentes.

Las manos, los pies, los ojos, también sirven para hacer el bien a nuestros semejantes; las manos nos sirven para construir, para trabajar para dar, para acariciar, abrazar, aplaudir; los pies para dirigirnos y dirigir a los que amamos por los caminos más bellos de la vida; los ojos para contemplar las maravillas de la creación, para mirar a los seres que amamos, para leer la Biblia, para comunicarnos; los miembros del cuerpo son un don, son un conjunto de dones inestimables; deben servirnos para la edificación de un mundo más humano y también para la construcción de relaciones fraternas, amables y creadoras.

Hasta donde sabemos, las multitudes que acompañaban a Jesús no cortaron sus miembros por causa del pecado. Jesús enseña el sentido claro de la Ley: el amor. El amor es la solución. Si amamos, utilizamos nuestros miembros, nuestros sentidos, nuestros sentimientos, capacidades, dones para realizar la voluntad del Padre celestial, que es, en definitiva, el interés principal de Jesucristo al enseñar estas cosas. En el fondo de estas enseñanzas está el imperativo fundamental: haz el bien y evita el mal. Y aquello que inspira estas enseñanzas de Jesús, lo mismo que otras, es la misericordia; y la base de ésta es la conversión personal y comunitaria. Estamos llamados a aceptar etas enseñanzas de Jesús y aceptar también su obra: él fue mutilado por todos, “traspasado por nuestros pecados” (Is 53, 5), si creemos en Jesucristo hemos muerto al pecado, es decir, hemos cortado con el mal, y hemos resucitado a la vida (cf. Rm 6, 11). Aceptemos a Jesús, cortemos con el mal.

Un artículo escrito por el padre Pacco Magaña, Guardia de Honor de San Luis de Potosí. Mexico.

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