Blog del Sagrado Corazón de Jesús: La Devoción

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: La Devoción

Por: GDH Taide Leticia Martínez Montiel

 

La devoción, dice Santo Tomás de Aquino, «no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios” (Suma Teológica II-II, c. 82, a. 1).

Estamos por festejar la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y además estamos por finalizar el mes que le dedicamos a recordarlo con especialísima atención. El mes pasado vivimos el mes de María Santísima, mes del rosario; mayo y junio, dos meses de gran “devoción” para todos nosotros, los católicos.

Pero, ¿qué tanto sabemos sobre lo que es la “devoción”?

Santo Tomás de Aquino nos explica que la palabra devoción proviene de la forma verbal devovere (sacrificar); de ahí el que se llame devotos a quienes de alguna manera se ofrecen en sacrificio a Dios para estar del todo sometidos a Él, es decir, estar dispuestos a hacer su voluntad.

En nuestra actualidad la palabra “devoción” está muy mal valorada e incluso pudiéramos decir que, aunque es “muy escuchada”, es en realidad “muy desconocida” y alejada del verdadero significado; afortunadamente dentro de la Iglesia ha habido grandes santos que han hecho una gran labor de discernimiento para que nosotros, hijos de Dios que nos consideramos “devotos”, en este caso del Sagrado Corazón de Jesús, conozcamos realmente lo que significa, y para esto nos tomaremos de la mano de santo Tomás de Aquino y de San Francisco de Sales, los dos son “doctores” de la Iglesia por lo que creo que pisaremos firme.
Muchas veces pensamos que rezar el rosario, alguna novena, horas santas, los primeros viernes de mes, hacer grandes mortificaciones, etc., nos regala el título de “devotos”; San Francisco de Sales, en su libro “Introducción a la Vida Devota”, Cap. I (y debo advertir que este libro es verdaderamente un “knock out” para quienes pensamos que somos devotos; ahora sí, ya previniendo, puede usted, querido lector, seguir leyendo) nos explica, sobre las personas que practicamos alguno de estos actos piadosos, lo siguiente: “El que es aficionado al ayuno se tendrá por muy devoto si puede ayunar, aunque su corazón esté lleno de rencor, y -mientras no se atreverá, por sobriedad, a mojar su lengua en el vino y ni siquiera en el agua-, no vacilará en sumergirla en la sangre del prójimo por la maledicencia y la calumnia. Otro creerá que es devoto porque reza una gran cantidad de oraciones todos los días, aunque después se desate su lengua en palabras insolentes, arrogantes e injuriosas contra sus familiares y vecinos. Otro sacará con gran presteza la limosna de su bolsa para darla a los pobres, pero no sabrá sacar dulzura de su corazón para perdonar a sus enemigos. Otro perdonará a sus enemigos, pero no pagará sus deudas, si no le obliga a ello, a viva fuerza, la justicia. Todos estos son tenidos vulgarmente por devotos y, no obstante, no lo son en manera alguna.

Así muchas personas se cubren con ciertas acciones exteriores propias de la devoción, y el mundo cree que son devotas y espirituales de verdad, pero, en realidad, no son más que estatuas y apariencias de devoción.
La viva y verdadera devoción, ¡oh Filotea! -nombre que da San Francisco de Sales al “alma” en este libro-, presupone el amor de Dios; mas no un amor cualquiera, porque, cuando el amor divino embellece a nuestras almas, se llama gracia, la cual nos hace agradables a su divina Majestad; cuando nos da fuerza para obrar bien, se llama caridad; pero, cuando llega a un tal grado de perfección, que no sólo nos hace obrar bien, sino, además, con cuidado, frecuencia y prontitud, entonces se llama devoción”.
Por lo tanto, el verdadero devoto es movido primeramente por el amor de Dios, y de ese amor, partir al amor de los hermanos; el verdadero devoto ha de ser congruente con sus actos de piedad, reflejados en sus actos hacia sus semejantes.

Santo Tomás de Aquino también nos regala luces para conocer la devoción, elegí las que nos pueden ayudar a comprender más particularmente a la “prontitud” al servicio de Dios con la que se ha de responder cuando decimos que somos “devotos”, iniciado con la explicación que encabeza el artículo: “La devoción, no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios”, por lo que podemos darnos cuenta que la devoción no es pasiva, sino activa e inmediata, es decir, todo acto que hagamos, como: el rosario, alguna novena, horas santas, los primeros viernes de mes, hacer grandes mortificaciones, etc, etc., debe de ir más allá de ese acto, se debe reflejar en el diario vivir, nos debe impulsar a la acción del servicio a Dios y a nuestros hermanos movidos por el amor de Dios. Ya nos lo decía el apóstol Santiago en su carta (2, 18): ‘«Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe»’.

Cuando pertenecemos a una Asociación, que tiene un carisma en especial, carisma por el que llevamos a práctica una devoción, como es el caso de la Archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús, ¿qué nos distingue de quienes llevan una devoción de manera particular? Primeramente, vamos entendiendo qué es una Asociación de fieles según derecho canónico (Can. 298): “1. Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal. 2. Inscríbanse los fieles preferentemente en aquellas asociaciones que hayan sido erigidas, alabadas o recomendadas por la autoridad eclesiástica competente.”

Con esto podemos darnos cuenta que vamos, como asociación, trabajando al servicio de Dios; clérigos junto con laicos trabajando unidos, buscando fomentar una vida más perfecta, es decir, una perfección cristiana. Las ventajas son muchas en tanto que nuestra asociación tiene toda la autorización y bendición de la Santa Sede, contamos con directores generales (internacional), nacionales, diocesanos, particulares (locales); todos ellos son los clérigos, que nos van dando acompañamiento espiritual para ayudarnos justamente a crecer en esa perfección cristiana; también vamos de la mano con las monjas de la Visitación que nos sostienen con su oración y nos proporcionan material de formación propia a nuestro carisma, a nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús; y estamos también los laicos, que somos todos los Guardias de Honor que fuimos consagrados para esta asociación, de manera especial quienes apoyamos como “celadores”, que en conjunto con los clérigos y monjas, vamos proporcionando todo lo que ayude a ese crecimiento espiritual, a esa perfección cristiana en la que hemos de perseverar todos y cada uno de los que conformamos la asociación: Guardias de Honor del Corazón de Jesús. Otra ventaja es que vamos siendo instruidos de manera sólida en nuestra fe, nuestra doctrina, haciendo a un lado todo lo que hay de falso en devoción y buscando lo verdadero, lo perfecto, que es, sin duda, todo que lo venga cimentado en la palabra de Dios.

El reto para nosotros, celadores, es grande, pues comienza por nosotros mismos, tratar de mantener nuestra devoción de manera fiel a la Iglesia, activa en nuestro apostolado y en constante formación, para poder transmitir eso mismo a los Guardias de Honor, en tanto a los retiros espirituales en los que colaboramos conjuntamente con sacerdotes para cuidar y alimentar el fervor en la fe y en nuestros propios carismas para bien de todos los asociados; se trata de ir siempre en comunión con la Iglesia, fieles a nuestra misión como Guardias de Honor, perseverantes en nuestra devoción y, por lo tanto, activos en las obras al servicio a Dios y congruentes a nuestra propia vocación seglar, viviendo en el mundo, sin ser del mundo (Cfr. Jn 17, 16). El mayor reto es la perseverancia en la formación de la devoción para los asociados que se consagran ya que algunos no son comprometidos al servicio de Dios, y reto doble, pues muchas veces no asisten a retiros espirituales, coartando ellos mismos su crecimiento espiritual, malentendiendo y limitando la devoción, sin darle el verdadero sentido, como nos ayudan a entenderlo San Francisco de Sales y Santo Tomás de Aquino; nuestro remedio para esto: ir siempre de la mano de los sacerdotes, apegados a nuestros estatutos, oración constante, proporcionar todos los medios a nuestro alcance para ayudarles a crecer en espíritu, y como nos lo dice nuestro catecismo, su recomendación para la formación de la verdadera devoción, (n. 24) para aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles:

“El que enseña debe hacerse todo a todos, para ganarlos a todos para Jesucristo […] ¡Sobre todo que no se imagine que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad, con un único método y siempre el mismo! Que sepa bien que unos son, en Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros finalmente como poseedores ya de todas sus fuerzas […]; es necesario tener en cuenta cuidadosamente quiénes pueden necesitar leche y quiénes otro alimento más sólido […]. El Apóstol […] señaló que había que considerar que los que son llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres, acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes’ (Catecismo Romano, Prefacio, 11)”.

Santo Tomás de Aquino fue uno de los más grandes devotos de nuestro Señor en la Eucaristía, fue uno de los más grandes teólogos y filósofos de nuestra Iglesia, y fue precisamente su devoción, su amor ferviente a la Eucaristía, lo que lo impulsó a hacer grandes todas sus obras, y él mismo dedicó su tiempo y esfuerzo en explicar lo que es la devoción.
Y también San Francisco de Sales, gran director espiritual de almas, que dedicó un libro completo para que podamos conocer y practicar la devoción “Introducción a la Vida Devota”.

Santo Tomás de Aquino comenzó encabezando este artículo, sea San Francisco de Sales quien lo finalice:
“La devoción, mientras sea autentica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción. La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan integras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece” (Introd. a la vida devota, 1, 3).