Blog del Sagrado Corazón de Jesús: El trabajo por el Reino de los Cielos también cansa

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El trabajo por el Reino de los Cielos también cansa

Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario (para descansar). Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio Jesús mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas (Mc 6, 32-34).

El trabajo por el reino es desgastante. Una vez algún amigo me preguntaba por qué casi no me conectaba en las redes sociales, a lo que le respondí que estaba lleno de ocupaciones en el trabajo pastoral: juntas, charlas, oficina, sacramentos, confesiones, dirección espiritual, además de escribir para un periódico y lo mismo preparar charlas, organizar la pastoral de la parroquia, por lo cual, el poco tiempo que me quedaba, además de dedicarlo a leer un poco, lo dedicaba a descansar, solo algunos minutos, y que prefiero esto a la interacción virtual; aquel replicó: “no sabía que el trabajo por el reino de los cielos fuera estresante”.

Mi amigo es catequista, dedica unas dos horas a la semana a las charlas de evangelización y algunas horas más durante la semana para preparar sus ponencias, además de las ocupaciones de cada día. Yo le dije entonces que Jesús también descansaba de evangelizar, o por lo menos buscaba espacios para estar a solas en la presencia del Padre, para hacer oración, y que lo mismo procuraba para sus discípulos.

Es verdad. Aunque el trabajo por el reino de los cielos es muy gratificante y nos da muchísimas satisfacciones, llega a cansar, estamos tan disparados en hacer las cosas lo mejor que podemos, que llegamos a desgastarnos profundamente y con frecuencia necesitamos hacer un alto, para aclarar las ideas, para recuperar las fuerzas, para sacudirnos el polvo de los pies y continuar con nuestra bella labor.

Es cierto, quizá muchos fieles están dedicados a colaborar con los sacerdotes en los trabajos de evangelización, y eso se agradece infinitamente, sin embargo, ninguno de ellos está dedicado de tiempo completo al trabajo de evangelizar, de engrandecer el reino de Dios; ellos no tienen la preocupación del trabajo conjunto, hacen lo suyo y lo hacen bien; sin ellos estaríamos incompletos; pero un sacerdote está dedicado total y absolutamente al trabajo del reino de Dios, los sacerdotes sí tienen en sus manos, en su mente, en su cuerpo y en su alma toda la responsabilidad, al menos en una porción de la totalidad del trabajo pastoral de la Iglesia.

No conozco un solo sacerdote que no pase menos de 24 horas preocupado por tareas pastorales, a veces de orden social, a veces de orden intelectual; pero su vida entera sí que está orientada en absoluto a pensar y trabajar por la evangelización. A veces, como Jesús, no tienen tiempo ni para comer. El trabajo por el reino sí cansa, sí estresa, y es necesario entrar en el descanso de Cristo.

Una vez, cuando yo estaba en el seminario, me tocó acudir a una parroquia rural a prestar mis servicios semanalmente y a veces acompañaba al párroco a sus labores; él iba a pequeñas y alejadas comunidades, luego a la parroquia, después a más comunidades; como la pastoral del seminario se realizaba los fines de semana, me tocó en una ocasión acompañar al sacerdote a todo su trabajo del fin de semana: misas en comunidades, confesiones de muchos fieles, acudir a retiros de jóvenes y adolescentes, escucharlos en confesión, dirigirles alguna charla, celebrar la misa, regresar a la cabecera parroquial, estar en la reunión del consejo parroquial, ir a una junta con varios grupos de la parroquia; finalmente, al llegar la noche lo acompañé a una vigila de la adoración nocturna y casi de madrugada a un retiro de la escuela de la cruz.

Casi en todas las actividades del fin de semana hubo misas y confesiones; a otro día le pregunté, mientras lo acompañaba a sus labores: padre, y con todo el trabajo que tiene aquí, ¿a qué hora puede descansar? ¿cuándo hace oración, la liturgia de las horas, la oración personal? ¿cuándo se puede dedicar tiempo solamente para usted?

Él me respondió: “mira, para mí la vida entera es oración, todo el tiempo estoy pensando en Dios, mi día es adorar a Jesucristo en estas personas que me buscan, que me necesitan; a veces me quiero dar tiempo para orar un poco, abrir la Liturgia de las Horas, cuando creo que ya he terminado mis labores del día y apenas hube entrado a la casa sacerdotal llega alguien y me dice: ¿padre no va a confesar? Entonces me pasa como a Jesús, que no le quedaba tiempo; he tenido que modificar mis horarios, ahora me levanto más temprano para orar un poco ante el santísimo, luego abro la agenda y organizo mentalmente el trabajo del día, que no sé cómo terminará. Eso sí, todos los lunes los tomo para mí, aunque a veces debo ir a alguna reunión o convivencia sacerdotal o retiro y no puedo en verdad descansar; sin embargo, encontrarme con mis hermanos sacerdotes, que tienen las mismas preocupaciones que yo, también me relaja y me hace pensar que no me equivoqué de vocación, que estoy en el camino; mira Pacco: esto significa ser sacerdote: estar dispuesto, igual que Jesús, a dar la vida por el reino de Dios; si no hemos de morir mártires, recordemos que a Jesús no le fue fácil; por lo menos muramos poco a poco, desgastándonos en servir al plan de Dios; un sacerdote es puente que conecta a los hombres con Dios; y si somos puente, ¿por qué no debemos resistir las pisadas para que los demás alcancen a Cristo? Así que ya sabes cómo es esto, tú decides si continúas o te regresas”.

Hoy, que leo estas palabras del evangelio de san Marcos, recuerdo a aquel sacerdote, que considero amigo y que admiro y respeto; y pienso que tenía razón; solamente le faltaba orar un poco más, por lo demás, me sirvieron aquellos días colaborando con él para definir mi opción sacerdotal; y aquí estoy, a veces demasiado cansado, sí, estresado, a veces sin ganas, sin comer, sin dormir, pero lleno de la satisfacción de servir con alegría; feliz de haber podido, como Jesús y sus apóstoles, atender las pequeñas y las grandes tareas de la evangelización, porque esto es para que los pobres sean dichosos, bienaventurados, felices; qué alegría poder colaborar con la dicha de los demás.

Siguiendo un consejo de un gran amigo sacerdote que fue mi director espiritual, he intentado integrar a mis labores del día, organizando con un poco de esfuerzo, mi oración diaria; esto supone despertar más temprano y orar antes del alba, y, antes de los alimentos, orar la Liturgia de las Horas, tanto como sea posible; y dedicar un espacio también a orar ante el Santísimo, para agradecer, para dedicar el día y la jornada; el resto de las horas del día, solo es asomarse afuera, para saber que no habrá más nada de tiempo personal para descansar o para orar; el Señor sabe lo que nos dará cada día, pero nosotros no; así que, a buscar el momento propicio de orar y descansar, que en trabajo evangelizador, el Señor se encargará de proveer y de dar fuerzas, pero sobre todo, de dar la gracia a quien la necesite, por medio de nosotros, y de dar crecimiento a cada cosa que le ayudemos a sembrar. Gracias sacerdotes del mundo por su abnegada vocación reiterada cada día. Habrá descanso en el Cielo.

 

 

Artículo escrito por el padre Pacco Magaña. SLP. Mex. (Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús)