• 16/04/2021

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Discípulos amados

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Discípulos amados

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.

( Jn 13,34)

Y así decía Jesús a sus amigos en esa última cena que compartió con ellos, antes de ser entregado a su pasión dolorosa, su crucifixión, pero también antes de pasar por esa pasión interior,  esa agonía en la cual experimentó un completo abandono en el huerto de Getsemaní, sufriendo los dolores más horribles al contemplar los pecados que hemos cometido desde el origen, padeció todo esto voluntariamente por obediencia y amor al Padre, y por amor a nosotros.

En la actualidad, pareciera ser que hemos olvidado éste mandamiento de amor, de amor a Dios y de amor al prójimo, y que queremos resolver todo por nuestras propias fuerzas y a nuestra manera, quizás tomemos un poco la actitud de Simón Pedro al querer defender al Señor, cuando Judas el traidor fue por Él con la cohorte de los sumos Sacerdotes y fariseos; sacó su espada y cortó la oreja derecha a un siervo del Sumo Sacerdote, pero Jesús viendo esto dijo a Pedro: 

Vuelve la espada a la vaina (Jn 18,11) y  Pedro obedeció, ya fuera por amor, o ya por respeto. ¿A cuántos de nosotros  en el tiempo presente, nos haría envainar la espada?

Tengamos presente cuánto nos ama Nuestro Señor, y permanezcamos en el que es el Amor mismo, y amor, es lo que debe haber en nuestros corazones, nuestras acciones, solamente así, por gracia de Dios, podremos  dar buen fruto,  lo necesitamos mucho hoy y siempre, pues es mandato de Dios amarnos, y su palabra es eterna, no algo que ya haya quedado atrás, es vigente, y siempre lo será.

Seamos como el Apóstol San Juan, que se sentía el discípulo amado ¡Y es así! Y nosotros también somos muy amados de Aquél que dio su vida por nosotros, de ese Sagrado Corazón que está tan apasionado de amor por los hombres, como se lo hizo saber a Santa Margarita, dejémonos amar por Él, acojamos su amor abriéndole nuestro corazón <<a fin de poder satisfacer en algún modo el ardiente deseo que tiene  de derramarse>> como nos aconseja ésta misma Santa, y reconociendo también nuestras faltas, pero con la confianza total de saber que Él nos las perdona, para esto es necesario tener un corazón contrito  y acercarnos al Sacramento de la reconciliación, que por medio de sus Sacerdotes es Jesús mismo quien nos escucha y perdona nuestros pecados. 

Llenémonos de su amor, nadie da lo que no tiene, y así, ya bien llenitos, podamos ser «dispensadores» de amor al prójimo, hagamos todo por Él, con Él y en Él.

Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. (Jn 15,5)

Dios sea bendito

Susana Martínez Montiel GdH

 

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