• 03/07/2022

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Déjame, Señor, poner mi cabeza en tu costado

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Déjame, Señor, poner mi cabeza en tu costado

Por: GDH Taide Leticia Martínez Montiel
“Uno de los discípulos, aquel a quien Jesús amaba, estaba sentado al lado de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba. Él se reclinó sobre el pecho de Jesús y le preguntó: «Señor, ¡quién es?»”
Jn 13, 24-25

San Juan apóstol, de los doce, es conocido como “el discípulo amado”, él se autonombra así, y no es que los otros no lo fueran, el punto es que él se sabía amado por Jesús, su maestro; aunque bien es cierto que nuestro Señor ama a todos de singular manera, por ejemplo, a San Pedro aunque él nunca se autonombró: “amado” por Jesús, Él le confió las llaves de su Iglesia; cómo no mencionar a María, Martha y Lázaro, sus grandes amigos, que, aunque no se menciona que ellos mismos se llamaran “amados” por Él, lo eran, y mucho, pues frecuentemente iba a su casa a descansar, comer, charlar; cómo olvidar a María sentada a los pies de nuestro Señor escuchando sus palabras y disfrutando de su compañía, o a Martha preparando su hogar para nuestro Señor; cómo olvidar las lágrimas derramadas por Jesús al morir Lázaro, su gran amigo, su hermano, aún sabiendo que podía Él resucitarlo, no dejó de sentir dolor por su muerte, lo amaba.
En esta cita, nos damos cuenta cómo es la confianza y hasta cercanía de dos de los discípulos con Jesús: San Pedro y San Juan; el primero no se anima a preguntarle directamente al maestro, el segundo no solo le tiene confianza, sino que tiene una relación más cercana, más estrecha, una confianza limpia y santa, a tal grado de reclinar su cabeza sobre el mismo pecho de Nuestro Salvador, y este fue el primer acto: se reclinó sobre su pecho; habiendo hecho esto, ahora sí hace la pregunta, es decir: primero se sintió amado, y sabiéndose así, entonces ya preguntó con la certeza que tendría la respuesta.
Esta actitud de sentirse amados por Dios es muy propia de los santos, y hasta de vivir esta experiencia de reclinar su cabeza en el pecho del Salvador; no olvidemos a Santa Margarita María Alacoque, que, la primera revelación que tuvo, fue precisamente un 27 de diciembre de 1673, día en que se conmemora a San Juana evangelista, y esto ocurrió estando ella frente al Santísimo Sacramento; así lo relata en su autobiografía: “Me hizo reposar largo tiempo sobre su pecho Divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado”; ¡y la tiene en presencia de Jesús Eucaristía!; recordemos también a Santa Gertrudis “la Grande” y que actualmente está postulada como Doctora de la Iglesia; ella, providencialmente, tiene también esta experiencia de sentir el amor de Cristo con esta misma acción; también el 27 de diciembre tuvo una visión de Nuestro Señor, quién le permitió descansar su cabeza en la llaga de su costado; al escuchar el palpitar de Su Corazón, ella se tornó hacia San Juan, quién estaba también presente.
Y, regresando a nuestra cita bíblica central, dos perlas que tomar de ella son: “aquel a quien Jesús amaba” y “se reclinó sobre el pecho de Jesús”; la primera nos habla del amor que Dios le tiene, de él mismo que lo sabe y así siente, y la segunda es que además de sentirse amado él le da amor por amor. Así que mis queridos hermanos: ¿qué tanto, nosotros, nos sentimos amados por Dios y qué tanto le demostramos nuestro amor a aquel que primero nos ha amado?

Pidamos a Nuestro Salvador con el himno de las Laudes:
Tú que revelaste a Juan
tus altísimos decretos
y los íntimos secretos
de hechos que sucederán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan ha contado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Tú que en la cena le abriste
la puerta del corazón,
y en la transfiguración
junto a ti lo condujiste,
permíteme penetrar
en tu misterio sagrado.
Déjame, Señor, posar
mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario
entre tus manos dejaste
el más santo relicario:
la carne donde habitaste;
tú que le dejaste ser
el hijo bienadoptado,
Déjame, Señor, poner
Mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor
con amor correspondiste
y la vida entera diste
por tu Dios y tu Señor,
enséñame a caminar
por donde tú has caminado.
Enséñame a colocar
la cabeza en su costado. Amén.

Liturgia de las Horas,
festividad de San Juan Evangelista.