• 20/10/2021

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Bienaventurados los limpios de corazón

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Bienaventurados los limpios de corazón

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» Mt 5,8

Anteriormente hemos hablado de cómo es que debemos hacer para entrar en la herida del costado de  Nuestro Señor Jesucristo, dejar todos los vicios, todo aquello que nos estorba, todo lo contrario a la virtud, todo lo que sigue lastimando a nuestro divino Maestro, todo aquello con lo que lo seguimos crucificando aún en nuestros días, todo con cuánto nos hemos llenado de este mundo, porque eso nos ocupa mucho espacio y con todo eso no cabemos por esa herida pequeñita y llena de Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús,  hemos de vaciarnos de nosotros mismos, de purificarnos; y para esto es menester estar siempre muy unidos al Corazón de Cristo, pedirle que nos purifique como el oro en el crisol, en el fuego de su amor, de ese Corazón ardiente.

 

Claro está que, esto se lleva tiempo, la conversión no es instantánea, es un proceso que hay que trabajarlo día con día,  tampoco voy a decir que sea muy fácil, y todo tranquilo,  «Y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones.» II Tm 3,12 sí, así es, tendremos un bonito recorrido en nuestra vida, al estilo de carrera de obstáculos, sí, también habrá momentos en que sintamos desfallecer, y hasta puede que pase por el pensamiento la tentación de abandonar la carrera, pero el objetivo es llegar la meta, corriendo, caminando, cansado o fresco como lechuga, ¡Pero cruza la meta! Por muy cansados que estemos, sigamos avanzando, no nos dejemos vencer por nuestras flaquezas.

 

«Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.» II Cor 12, 9-10

 

Cuando decidimos, que lo que queremos es amar y seguir al Señor, quitarnos todo aquello que ensucia nuestro corazón, no faltan las contrariedades, bien dijo el Santo cura de Ars: «Si en tu caminar no te golpeas de frente con el diablo, es porque estás caminando en la misma dirección que él.»   entonces, qué bueno que se nos atraviesen estas molestias, que muchas veces puedan estar fuera de nuestras manos, porque así vemos que no vamos en la misma dirección del maligno.

 

No van a faltar las veces que resbalemos, pero es normal cuando limpiamos algo ¿No? Lavamos trastes y se nos resbalan si no tenemos cuidado, limpiamos el piso, y de pronto patinamos que casi caemos, o sí llegamos a golpear el suelo, y debido a esto que pareciera tan insignificante, pueden llegar a haber golpes muy duros, esguinces, fracturas, y todo por un «simple resbalón» es así en los procesos de limpieza, lo mismo puede pasar a nuestra alma si no tenemos cuidado en el proceso de eliminar toda impureza de nuestro corazón, si nos descuidamos aunque sea un poquito, resbalamos, y si nos soltamos de la mano del Señor, nos caemos, y sabemos que estas caídas pueden traer fuertes consecuencias.

 

A veces, podemos centrarnos en evitar únicamente las cosas grandes, que obviamente sabemos nos llevan a la muerte eterna, pero descuidamos esas que pensamos son “pequeñas”, y sin embargo, pueden hacernos gran daño, a veces, puede ser que con una pequeña gravita, un pequeñito trozo de asfalto, que se suelte de la carretera, junto con otros factores, lluvia, viento, y no se atienda, puede  que llegue a convertirse en un gran bache y causar accidentes, no subestimemos esas acciones que pareciera  que si se hace una sola vez, no pasa nada, además corremos el riesgo de que le tomemos gusto y después nos resulte más difícil salir de ello, lo mejor es deshacernos desde un principio de esa pequeña piedra dentro del zapato, que andar todo el camino con ella ¿Cierto? Además que hemos de evitar a toda costa, ofender y lastimar más, a nuestro Soberano Maestro, así que, cuando detectemos algo que ensucie nuestro corazón, dediquémonos a trabajar en sacar eso, no dejemos que se albergue ahí sí queremos llegar a ver el rostro de Dios, por lo tanto, por cada vicio que tengamos, trabajemos más en la virtud contraria a el.

 

Sagrado Corazón de Jesús, transforma mi corazón.

 

Susana Martinez Montiel GdH San Luis Potosí.